En mi precedente blog, evocaba el acceso al saber universal con la futura digitalización de las obras de las bibliotecas. Ahora, es el turno de los laboratorios de investigación de las universidades mas importantes, de abrir sus puertas y sus archivos para compartir el estado del arte sobre toda una serie de temas: desde la medida de temperaturas de los siglos pasados al análisis del repliegue de las proteínas en el espacio, pasando por el recuento de las lombrices de tierra en una superficie dada.
El pasado 16 de febrero tuvo lugar en Londres, dentro del marco de la prestigiosa Academia Real de Geografía, la segunda conferencia internacional dedicada a la “ciberciencia ciudadana”. En esta ocasión, el profesor de la universidad china de Tsinghua François Grey, también investigador en el CERN de Ginebra, declaró que “La ciencia es una actividad demasiado importante como para que se la deje solamente a los científicos”.
Todos podemos llegar a ser científicos. La University College de Londres ha transformado su centro de investigación en laboratorio extremo de ciencias ciudadanas. Para su director Muki Haclay, “ Se trata de implicar cada vez a mas gente y en mas lugares. La meta no solamente es utilizar los recursos ciudadanos (tiempo, máquina o colecta de datos en crowdsourcing- cf mi blog de octubre de 2007), sino de analizar y desarrollar sinergias reales en el seno de los grupos”. Si hacemos trabajar juntas a numerosas personas sobre temas tales como medir el ruido cerca de un aeropuerto o la contaminación de ozono en un sitio industrial, “ eso irrita a las instituciones locales, pero cuando se les demuestra que los trabajos realizados son tan buenos como los de los expertos, las relaciones cambian y yo adoro eso!” comenta Muki Hakley, que espera de esta manera “ construir una ciencia a partir de la ciencia participativa”.
La ciencia ciudadana empieza a construirse. Esta ciencia alía la investigación participativa y la critica de postulados científicos. Contribuye también a que nazcan intermediarios entre los científicos, encerrados con frecuencia en sus discursos, y los profanos, con el fin de dar a la sociedad respuestas simples sobre temas mayores y aclarar en lo que fuera necesario, el debate democrático y la vida económica y social.
La ciencia ciudadana se convierte en una nueva forma de pedagogía. Todos somos científicos y todos somos formadores.