En su último informe del 13 de septiembre sobre la educación, la OCDE (Organismo de Cooperación para el Desarrollo de la Enseñanza) juzga crucial la formación de los adultos “ para enfrentarse a los desafíos de la competencia económica, la evolución demográfica, la lucha contra el paro, la pobreza y la exclusión social que margina a un número significativo de individuos en todos los países”. Ya el año pasado, en un informe del mismo tipo, la OCDE había hecho de la formación la principal herramienta para salir de la crisis.
Esta vez, subraya las diferencias de acceso a la formación en función del sexo, la edad y del nivel de calificación. Una media de 52% de personas en el mundo, entre 25 y 64 años, no tienen acceso a ninguna formación, ya sea formal o informal. El 8% se informa y lo intenta. El 40% sigue una formación de unas 1 000 horas durante su vida profesional.
A pesar de la ley de 1971, Francia se sitúa por debajo de esta media con un acceso a la formación de sólo el 35% de la población activa entre 25 y 64 años. La instauración de una cuenta ahorro de formación para todos los asalariados o funcionarios al principio de su actividad, abundado por sus derechos al DIF (Derecho a la formación), o en caso de paro por los subsidios de formación, responsabilizan al individuo en la gestión de su capacidad de empleo. Estas modalidades tienen también el gran mérito de desligar la formación del estatuto, ofreciendo a los asalariados la posibilidad de formarse, cualquiera que sea su categoría, en todo momento y a lo largo de toda su vida. Esta idea fue desarrollada desde el 2007 por el Instituto Montaigne y tomada en cuenta en un informe del Senado. Recientemente el diputado del Indre et Loire Jean Patrick Gille, en una declaración al centro INFFO(centro de información para la formación) el 14 del pasado julio, se pronunció a favor de la instalación de este sistema. Y en esa línea, el diputado de La Mayenne Yannick Favennec, ha presentado un proyecto de ley que apunta a crear un crédito de impuesto formación para las personas, de esta manera, ellas mismas financiarían su formación.
Lo que está en juego es enorme y condicionará el futuro de nuestros países y más tarde el de nuestros hijos. Probablemente es el desafío más importante al que tengamos que enfrentarnos en los próximos años. Los europeos han tomado conciencia de ello cuando en Lisboa, en el año 2000, se comprometieron a utilizar todos los medios posibles para elevar el nivel de calificación de la población activa en Europa. Desgraciadamente, diez años más tarde, no se han alcanzado los objetivos y el proyecto está parado.
Es por lo que, es necesario recordar sin cesar las tres virtudes de la formación:
- Permitir a cada persona el gestionar su capacidad de empleo, mediante un mayor acceso al conocimiento, en un mundo donde los empleos evolucionan. Ello les permite dar sentido a su trabajo y les ofrece una capacidad de discernimiento mayor en su vida cotidiana, fuente de desarrollo personal y de libertad.
- Asegurar, a través de un mantenimiento permanente del resultado humano, el desarrollo de las empresas y las organizaciones, fuentes de riqueza futura.
- Contribuir a reducir la fractura social, provocada en parte por la falta de conocimiento o de saber, y de esta manera favorecer la paz.
A través de estos tres factores externos individuales, económicos y de sociedad, podemos comprender mejor la importancia crucial que tiene la formación actualmente y el grito de alarma de la OCDE.