Como lo explicaba en mi precedente blog, la trasmisión del saber se sitúa en la acción. Las universidades de empresa son un buen ejemplo.
En efecto, nos damos cuenta que desde hace una decena de años existe un doble movimiento:
- Por una parte, las universidades institucionalizan asociaciones con empresas que financian cátedras o trabajos de investigación. Así por ejemplo, Areva lanzó en el 2009 en ParisTech, una cátedra de enseñanza y de investigación sobre la energía nuclear. Dentro de otro ámbito, podríamos igualmente citar la cátedra ESSEC/LVMH que propone una enseñanza e investigaciones específicas sobre la gestión y dirección de marcas de lujo.
- Por otra parte, en los últimos diez años, hay cada vez más empresas que crean su propia universidad interna para controlar la cadena de valor de conocimientos, y preparar las competencias claves necesarias a su desarrollo en un medio ambiente donde producto, colaborador y sociedad son interdependientes.
En el mundo, se pueden contar más de 4 000 universidades de empresas, o sea 4 veces más que las 1 000 universidades inscritas en las clasificaciones oficiales. En Francia, son cerca de 100, o sea más del doble de las grandes universidades tradicionales….
Se trata de una verdadera revolución que ha aparecido progresivamente estos últimos años. Annick Renaud Coulon, presidente del club europeo de universidades de empresa, se explica en el Nuevo Economista sobre las múltiples razones de esta aceleración: “¿ Es que el producto terminado de la escuela no conviene o no conviene más a los patronos? ¿ Es porque profesores y patronos difieren en la visión de la empresa y de la educación? ¿ Es porque las escalas de tiempo de la persona y de los mercados no tienen ninguna medida en común y las necesidades de competencia han evolucionado en consecuencia? o ¿ Es porque estamos en una era de democratización de los conocimientos?”.
Así pues, parece que existen numerosos factores que empujan a las empresas a dotarse de una estructura interna que pueda ser a la vez un lugar de intercambio y de discusión. En las estructuras jerarquizadas y verticales, la universidad de empresa procura una nueva forma de reconocimiento a aquellos que participan en sus trabajos, y aporta “ un aire nuevo” de transversalidad. Además de ser un nuevo vector de formación, las universidades de empresa tienen igualmente otros roles : contribuyen sobre todo a difundir la estrategia y los valores del grupo. Philippe Delvaux, Global Learning , vicepresidente de Bio Mérieux, y a cargo de su universidad, lo explica así : “ Implicarnos en la formación permite ser más competitivos. El training, el learning, son elementos claves para una empresa” y eso permite “ federar y desarrollar una misma cultura de empresa”.
Las universidades permiten también crear grupos de prácticas en torno a empleos estratégicos para la empresa, constituyen un lugar de Knowledge Management que con frecuencia es esencial, y que finalmente tienen un rol de comunicación y de escaparate de las buenas prácticas de un grupo.
Si una universidad interna organiza la adquisición de nuevos conocimientos, está permitiendo de esta manera a una empresa, asumir igualmente sus responsabilidades empresariales y medioambientales indisociables a su desarrollo.