Michael Porter, el célebre profesor de Harvard y padre del modelo de las cinco fuerzas que contribuyen a maximizar el beneficio de las empresas, procede a una revolución copernicana: si el 74% de franceses y el 60% de americanos piensan que una vez que termine la crisis, el modelo anterior perdurará*, Michael Porter y David Kramer, cofundador de la sociedad de asesoramiento FSG, estiman en un artículo publicado el pasado enero en Harvard Business Revue, que es el momento para las empresas de aprender las lecciones de la crisis y cambiar de modelo de gestión para tener más en cuenta a sus colaboradores y a su medio ambiente.
Llega incluso, hasta poner en entredicho su famoso modelo de optimización del valor únicamente para los accionarios, y propone compartirlo asociando mejor al personal, a la colectividad y al medio ambiente, contribuyendo así a crear valor social.
Se trata, por supuesto, de integrar en la gestión corriente de la empresa, la dimensión de desarrollo sostenible que apunta a proteger y salvaguardar nuestros recursos naturales cuando los utilizamos y a reducir nuestro consumo de CO2 cuando lo podemos. Se trata sobre todo de tomar conciencia de que el más importante recurso natural de la empresa es en primer lugar el hombre, el primer e histórico factor de producción en el sentido de los economistas.
Es a él que debe prestarse la mayor atención, sobre todo en este período de cambios tecnológicos constante.
La competencia del colaborador llega a ser un recurso raro que hay que proteger y renovar. La empresa crea no solo el valor económico por la producción de bienes y servicios, sino también valor social. La empresa muestra así su responsabilidad empresarial, fuente de imagen generadora de clientes y de atracción para los jóvenes y para los talentos.
La empresa se inscribe entonces en un virtuoso triple planteamiento : atraer a los jóvenes y formarlos, mantener las competencias de sus recursos humanos para preservarlos de la obsolescencia y que le sean fieles, y por fin, removilizar a los mayores para permitirles tener el rol de trasmisor de valores, de historia, de cultura y de los oficios de la empresa.
De esta manera la competencia duradera se muestra como un componente mayor de la creación de valor social de una empresa. Es un cambio de paradigma para muchas de ellas. A nosotros de ayudarlas a través de la formación.
* Según una serie de encuestas efectuadas en el mundo para el Instituto de sondeo internacional Edelman ante los colaboradores de empresas.