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Memorias frías y memorias caliente

24 marzo 2010
A través de sus investigaciones antropológicas, Lévi- Strauss ha desarrollado los conceptos de sociedades frías o sociedades calientes, mostrando precisamente sus rasgos distintivos.
 
Una sociedad fría registra los hechos y los acontecimientos que la conciernen, incluso los ritualiza, sin ligarlos a la vida cotidiana necesariamente ni al futuro social de los miembros que la componen.
 
Una sociedad caliente, al contrario, integra los hechos y los acontecimientos en los afectos individuales y colectivos de sus miembros. Esta sociedad crea así una memoria colectiva que no cesa de probarse y de actualizarse. Esta memoria llega a ser una “construcción social del pasado”, portadora de sentido para el futuro.
 
A partir de ahí, ¿cómo comprender mejor el “calor” de la memoria de una sociedad con respecto a su “frialdad”? La idea de incorporación puede ayudar a distinguir mejor los dos conceptos, aunque haya que admitir que se pueden encontrar los dos tipos de memoria en una misma sociedad.
 
Si se quiere simplificar, y a la vez esclarecer el tema, es necesario avanzar la hipótesis siguiente: la memoria caliente vive en y a través de los cuerpos; aparece indisociable de la sensibilidad y manifiesta la interiorización verdadera de un pasado que nunca se ha fijado de forma definitiva en documentos y rituales inmutables.
 
Desde esta óptica,  se evoca el pasado de forma continua para iluminar la vida de los hombres; sentimientos, preocupaciones, reflexiones sobre lo que es  o será; aparecen como llamadas a una memoria situada en el corazón mismo de la subjetividad individual y colectiva. El pasado no podría ser algo exterior a quien quiera que sea en una sociedad caliente.
 
En su libro “La memoria cultural. Escritura, recuerdo e imaginario político en las civilizaciones antiguas”, aparecido en 1992, y que acaba de ser traducido al francés solamente ahora, el gran Egiptólogo alemán Jan Assmann, recoge estos conceptos para aplicarlos a las civilizaciones egipcias, griegas y judías.
 
A la memoria caliente de los judíos que construyen su historia y su memoria colectiva en una relación divina, o a la de los griegos, que en una polifonía discordante, comentan sin cesar todos sus escritos filosóficos, para hacerlos vivir para siempre, se opone la memoria fría de los egipcios que sacralizan sus textos para
solidificarlos.
 
Construcción de sentidos en una lógica histórica, interiorizada por los individuos y los grupos, y una búsqueda permanente de la presencia  de una verdad para los primeros; sacralización de las artes figurativas al servicio de una eterna repetición, para los segundos.
 
Inspirarse hoy del análisis histórico de Jan Assmann, nos incita a pensar que una de las condiciones para que las sociedades y las empresas contemporáneas sobrevivan y se desarrollen, consiste en el mantenimiento de una memoria caliente. Esto supone que, actores y sociedades profesionales estén en condiciones de interiorizar y de incorporar sin coerción un pasado susceptible de ilustrar sus iniciativas y realizaciones.
 
El aprendizaje organizativo determina las condiciones favorables al desarrollo de una memoria caliente. Se realiza sobre todo, en comunidades de prácticas y profesionales. Estas comunidades se constituyen y se extienden a través de intercambios enormemente facilitados  por las nuevas técnicas web 2.0 del trabajo en colaboración y por lo que se llama actualmente, la dirección del conocimiento.
 
Fuente de innovación constante, en los nuevos intercambios y usos, el aprendizaje organizativo puede generar una memoria caliente desde el momento en que las comunidades viven y trabajan incorporando constantemente las realizaciones precedentes, incluso si esta incorporación se realiza virtualmente.
 
En este sentido, la gestión dinámica del saber operativo participa de esta memoria caliente, tan necesaria a nuestras instituciones.
 

# Posteado por Jean Wemaëre @ 14:53        
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