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Un coloquio sobre la calidad en la formación (#2)

20 octubre 2009
Continuando mi precedente correo, quisiera indicar la naturaleza de los trabajos que la FFP, la estructura que se encarga de representar la oferta de formación, debe asumir, en conexión, por supuesto, con los otros actores.
El rol de la FFP es triple:
1. Hacer legible la oferta, en términos de calidad, para permitir elegir a los  compradores        
2. Proponer recorridos de formación validados por un titulo de certificación, calificación o diploma
3. Construir con el comanditario público o privado los instrumentos de medida de resultados en situación de trabajo y del rendimiento del capital invertido.
 
Hoy en día la legibilidad está asegurada por tres sistemas:
• el label NF servicio AFNOR, que garantiza la conformidad con las normas;
• la calificación OPQF, dada por el ISQ (Calificación de los Servicios Intelectuales) de las profesiones representadas por la Federación Syntec, que permite un reconocimiento del profesionalismo por los compradores, a la vista de los resultados, testimonios y del análisis de las prácticas según las diferentes actividades;
• la certificación ISO, versión 2000, que garantiza la implementación y el seguimiento de procesos integrando criterios de calidad gracias a la verificación de un observador imparcial.
 
Estos tres sistemas tienen en cuenta la calidad en la realización de las prestaciones de formación en su globalidad (temas, públicos, dispositivos y métodos) de manera complementaria y diferente pero suficientemente exhaustiva.
Deben asegurarse de la promoción y la mejora constante a través de todos los canales de información y los sitios de referencia. Deben, además, vigilar que se respete su independencia, a fin de no alterar su juicio. En estas condiciones, la creación de nuevos sistemas, especialmente por razones de categoría, complicaría la fiabilidad de un dispositivo que comienza a hacer sus pruebas.
 
El segundo campo de trabajo consiste en asegurar que el seguimiento de una formación ha permitido adquirir las competencias prometidas al principio. Deben crearse instrumentos de evaluación pertinentes que permitan la elección y el reconocimiento. La FFP propone a sus adherentes una metodología con  certificación: una evaluación posterior, un tutorado y un seguimiento personalizado, la redacción de una memoria, un quizz, un jurado y exámenes al final. El respeto de estos pasos está garantizado por la opinión de un tercero y da al organismo la posibilidad de otorgar un certificado CP FFP.
Por otro lado, se desarrollan colaboraciones con Universidades para coproducir formaciones con diplomas así que ciclos validados por un certificado profesional inscrito al RNCP.
 
Nuestro país sufre de una falta de reconocimiento de las calificaciones, y el lanzamiento hace 10 años de la VAE (Validación de Experiencias Adquiridas) no ha dado los resultados esperados (cf blog del 24/2/2009). Ante tal fracaso, la responsabilidad de los operadores de formación, en su esfuerzo de utilizar instrumentos de evaluación de competencias, es poner en común sus experiencias para construir un dispositivo global de validación de las calificaciones como existe en el Reino Unido (cf  NVQ o Nacional Vocational Qualification). Este país dispone en efecto de una riqueza considerable resultado de un trabajo diario efectuado sobre las características de las competencias requeridas para ejercer la mayor parte de trabajos, ya sea en la industria o en los servicios. Es lo mismo para las competencias transversales o relacionales asociadas.
 
Se trata de un proyecto colectivo que podría iniciar la profesión asociándose con todos los actores.
Finalmente, de manera más específica, cada proyecto o acción de formación debe prever instrumentos de medida de resultados, tanto para las personas formadas en situación de trabajo como para la empresa. Es la mejor garantía de calidad para el comprador. Esto supone confianza de una parte y de otra en la transmisión de las informaciones y en la capacidad de construir juntas.
 
Aprehendemos así la considerable evolución de nuestro oficio desde hace 20 años, en la época en que la formación se resumía a un simple traspaso pedagógico entre un profesor y un grupo de aprendices en una sala. Hoy en día, la acción es un continuum, de evaluación antes y después, pasando por la traducción de los objetivos profesionales en objetivos pedagógicos y por su realización en función del nivel de los participantes. La realización no siempre es el hecho de un solo actor animador, sino de una asociación de interventores.
 
En efecto, al lado de un coordinador, ofician gerentes, referentes profesionales, utilizadores, tutores e incluso los que están aprendiendo entre ellos, en un trabajo de colaboración e intercambio de buenas prácticas, en el seno de una comunidad de aprendizaje hecha posible gracias a la Web 2.0. El aprendizaje concebido como una relación individual entre un maestro y un alumno se reconstruye así en un tejido de relaciones y cambia de naturaleza para llegar a ser colectivo. Con el desarrollo de las comunidades de práctica, el aprendizaje se vuelve organizacional.
 
Así, la formación se gestiona cada vez más como un proyecto integrando las nociones de coste, calidad y plazo de tiempo; todos estos parámetros asociados al de la competencia, pueden servir de elementos de medida del resultado y de control.
 
A través de tres modos de acción:
   -   el reconocimiento de la gestión de la calidad por la opinión de un tercero llevado al conocimiento de
        todos, 
   -   la construcción de un trayecto que ateste la adquisición de competencias,
   -   y la  creación de instrumentos de medidas de los resultados,
los operadores de la formación contribuyen a instrumentar la calidad para anclarla de manera durable en el proceso de aprendizaje. 
 
La calidad en la formación, es a la vez, asegurarse que se integra en todos los niveles de la cadena de creación de valor, que se reconoce y se muestra de manera legible, que se mide en términos de beneficios para el comanditario y que garantiza al que aprende, por medio de un certificado o un diploma, la adquisición de competencias o calificaciones; elemento de motivación si los hay, porque es la base del reconocimiento social.
 
La calidad no puede separarse del acto de formación, lo sostiene, facilita su realización y lo legitima. Es un concepto rico, que se construye en permanencia, que se aprecia siempre en situación y que, como lo hemos indicado, no tiene nada de absoluto.
Se alimenta de la historia de experiencias múltiples y plurales de una profesión nueva que ofrece a todos aquellos que tienen la posibilidad (la solvencia de la demanda es otro tema) de acceder a los conocimientos operacionales actuales; conocimientos creadores de riquezas, factores de empleabilidad y que garantizan la paz social.
 

# Posteado por Jean Wemaëre @ 17:36        
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