La ley de modernización social del 17 de enero de 2002 instituyó la posibilidad para cualquier persona de hacer validar su experiencia profesional por un diploma expedido por la Educación Nacional o inscrito en el RNCP (Repertorio Nacional de Certificación Profesional).
Así nació en Francia la V.A.E (validación de la experiencia). Este dispositivo completa la instauración en 1991 del Balance de Competencias. En aquella época, Francia sufría de una población al trabajo poco cualificada en relación a los otros países de la Comunidad europea. La tomada en consideración de competencias ejercidas en el empleo se volvía a veces en experiencias profesionales que podían ser validadas (VAP) por un Certificado de Calificación Profesional, reconocido por la rama profesional concernida. Esperábamos así reducir las diferencias con nuestros socios.
Paralelamente, los ingleses implementaban un sistema de validación de calificaciones catalogadas para una serie de empleos, y lo por terceros. Lo que se llama las NVQ (National Vocational Qualification) veían la luz. Fueron objeto de una presentación detallada en un libro escrito por mi amigo Sergio Ravet y editado por Demos. El reconocimiento por un balance individual de competencias implementado al trabajo inició además las primeras políticas de gestión por las competencias – repasadas en una obra publicada en Editions Demos (cf La gestion des compétences : analyse des pratiques et prospectives, de Jacques Picard) e instrumentado el principio de GPEC (Gestión preventiva de los empleos y de las competencias).
La VAE amplió el campo a todas las situaciones personales o profesionales de vida, particularmente para tener en cuenta implicaciones en el voluntariado, la vida asociativa o la representación social o política.
Desgraciadamente este derecho individual le cuesta encontrar su lugar. Desde 2003 solamente 77 000 validaciones han sido expedidas. Es poco comparado con el millón de validaciones de calificaciones aseguradas cada año en Gran Bretaña por la NVQ. El informe de evaluación de la VAE, presentado en septiembre pasado por el Sr. Eric Besson, Secretario de Estado encargado de la Prospectiva, al Sr. Xavier Bertrand, Ministro del Trabajo, constata entre otras cosas lentitudes en el procedimiento, que desaniman los candidatos potenciales y hacen abandonar los que ya habían realizado diferentes etapas. Así, según un estudio de la DARES en 2006, de los 48 000 candidatos que concurrían para 700 títulos o diplomas, finalmente hubo sólo 26 000 certificaciones establecidas.
Es dificil ejercer este derecho individualmente. Esto supone, para el asalariado o el solicitante de empleo, primero ser informado, luego escoger entre 5 000 diplomas o títulos catalogados el que corresponde a competencias que a menudo no ha todavía evaluado. Por fin tiene que rellenar un expediente complicado que, si es aceptado, le dará el derecho a la candidatura. Se evalúa ahí la dificultad para alguien de iniciar solo tal proyecto. La encuesta realizada por el Centro de Estudios del Empleo, recientemente publicada, explica porque los éxitos de VAE son el resultado de una iniciativa colectiva llevada por la empresa que ha identificado una población específica que hay que promover o readaptar en otras funciones, capitalizando sobre competencias transversas reconocidas.
Seb Moulinex preparó así a 19 asalariados, en colaboración con AFPA (Asociación nacional para la formación profesional de los adultos), para títulos de nivel V del ministerio del Trabajo: agente de fabricación (AFI), conductor de instalación y de máquinas automáticas (CIMA) y conductor de carretilla elevador de almacén (CE).
Otro ejemplo, la Fnac, en contacto con la Educación nacional, permitió a 250 asalariados obtener un diploma bac pro (bachillerato profesional) comercio (oficios de venta), bac pro servicio (oficios « servicio cliente »), o bac pro logística (oficio de la recepción de mercancías y de las existencias).
Por fin, McDonald’s está preparando a sus directores de restaurante un bac+3 (diplomatura) en contacto con la CCI (Camará de comercio e industria) de Versailles y la ESC (Ecole supérieure de commerce) de Rouen. A través de estos tres ejemplos, nos damos cuenta de que el desarrollo de la VAE en nuestro país esta vinculado a la implementación de una GPEC en las empresas que sea asociada con operadores de formación que faciliten la localización de las competencias y ayuden a validarlas.
Además los agentes sociales lo comprendieron bien, ya que los acuerdos del fin del año pasado preven la sistematización de las políticas de GPEC en las empresas. La VAE es entonces un enfoque colectivo en cuanto a su organización, pero es ejercitada individualmente. Es el fruto de una coproducción empresa-asalariado. La empresa moviliza sus recursos humanos para sus futuros retos y aumenta su realización colectiva, mientras que el asalariado organiza mejor su empleabilidad por el reconocimiento de sus propias competencias y guarda la trazabilidad de esto; prueba que la formación está operando a lo largo de su vida.